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Aniversario luctuoso por muerte de Don Eugenio Garza Sada

Locales •

Era una mañana como todas la del 17 de septiembre de 1973, don Eugenio se desplazaba en su vehículo Ford negro con vidrios polarizados que conducía su chofer, cuando fue interceptado por sujetos que en un intento de secuestro acabaron con su vida.

Monterrey • Hoy se cumple un año más del intento de secuestro que terminó en el asesinato a Don Eugenio Garza Sada, suceso que sacudió a la sociedad de todo el país, particularmente la de Monterrey.

Era una mañana como todas la del 17 de septiembre de 1973, don Eugenio se desplazaba en su vehículo Ford negro con vidrios polarizados que conducía su chofer y los integrantes de la Liga 23 de septiembre, lo esperaban en un cruzamiento de la colonia Bellavista por la avenida Villagrán, muy cerca de sus oficinas que estaban ubicadas en Cervecería Cuauhtémoc.

Don Eugenio era muy puntual, su arribo a la empresa era entre las 9 y 9:30 de la mañana, de manera que los sicarios ya tenían definida la ruta y procedieron para privarlo de su libertad.

Esa mañana, paralelamente al crimen del señor Garza Sada, se registró un trenazo (una camioneta pick up que fue embestida por un tren) en la carretera a Monclova, con saldo de dos personas que fallecieron.

En Canal 12 de Monterrey, hoy Multimedios Televisión, recibimos la llamada de la Cruz Roja, cuya comandante en turno nos dijo que tenía una balacera en la colonia Bellavista, con saldo, al parecer de dos muertos y el accidente del tren.

Preguntamos sobre la balacera, de qué tipo de gente se trataba y contestó: “No puedo decir más, pero era gente muy bien vestida y un automóvil último modelo que ahí está todavía, baleado, mientras que los heridos están siendo trasladados al hospital Muguerza”.

Decidimos ir al lugar de la balacera, sin saber lo que encontraríamos y nuestra sorpresa fue que como conocíamos el automóvil de don Eugenio, pues era obvio, el atentado fue en contra del señor Garza Sada.

Ese mes era el segundo del gobierno estatal a cargo de Pedro G. Zorrilla Martínez, y se estrenaba como director de la Policía Judicial en la entidad, Carlos Solana Macías, quien se enfrentó a este primer suceso de trascendencia nacional, que ante su incapacidad no pudo resolver.

Al día siguiente, 18 de septiembre, en el despacho del gobernador se recibió una llamada de Los Pinos, informando que el Presidente Luis Echeverría, decidió acudir al sepelio del señor Garza Sada, pero que no habría recepción oficial, porque el Primer Mandatario decidió asistir a la despedida de don Eugenio, en lo personal.

Su arribo, el de Echeverría, fue poco después de mediodía, para empezar no se desplazó en el avión presidencial, tampoco hubo escoltas ni el himno nacional a su llegada, fue un recibimiento por parte del gobernador Zorrilla, muy austero.

Llegó Echeverría a la iglesia La Purísima, donde fue la misa de cuerpo presente, que por cierto o no pudo o no quiso entrar, se quedó afuera, soportando una llovizna pertinaz que caía en ese día en que se despedía a un gran hombre.

Terminó la misa y el cortejo fúnebre se desplazó al Panteón del Carmen, donde se sepultaron los restos del señor Garza Sada, que por cierto, la llovizna se convirtió en una fuerte lluvia que todos aguantaron, desde luego el Primer Mandatario de la Nación, a quien uno de sus ayudantes auxiliaba con un paraguas.

El discurso de despedida estuvo a cargo de don Ricardo Margáin Zozaya, quien en su intervención, criticó fuertemente al gobierno federal encabezado por Echeverría, ante la impotencia de poder controlar la guerrilla que se desató.

Don Eugenio nació el 11 de enero de 1892, su infancia coincidió con la primera etapa de la industrialización en México durante la época del gobierno encabezado por Porfirio Díaz (1876 - 1910), en que los inversionistas extranjeros introdujeron las tecnologías más modernas del momento.

Desde niño, con el ejemplo de su padre, recibió lecciones que después le resultarían fundamentales en su carrera profesional. Aprendió a convivir con el riesgo y los problemas.

Asimiló las muestras de patriotismo, de servicio a la comunidad, de rectitud, de modestia, de exigencia personal y de severidad. Fue forjando, en definitiva, esa personalidad que iba a alcanzar tantos y tantos logros.

Cursó los estudios primarios en el Colegio de San Juan, en Saltillo, Coahuila. Pasó luego a Monterrey para estudiar en el Colegio Hidalgo, que estaba a cargo de los Hermanos Maristas. Hizo después la preparatoria en la Western Academy, una institución militar de Estados Unidos. En ese mismo país, en The Massachussets Institute of Technology, hizo sus estudios universitarios y obtuvo el título profesional de ingeniero civil, en 1916.

Su estancia en Estados Unidos le hizo tomar conciencia de que la educación resulta la vía más eficaz para lograr la industrialización y el desarrollo de un país, de la conexión existente entre investigación y ciencia, entre ciencia y tecnología, y entre éstas y el desarrollo, el bienestar y la libertad. Con esto se estaba estructurando su proyecto de vida.

En 1917 comenzó a trabajar en la Cervecería Cuauhtémoc. Cuando murió, casi 56 años después, en 1973, era el Presidente del Grupo Valores Industriales, S. A., (VISA) -que reunía a varias empresas- que se había formado en torno a la propia Cervecería.

Siempre tuvo un concepto muy claro de lo que es el trabajo. Detrás de cada máquina, de cada mesa, de cada ventanilla de servicio, veía al ser humano que las atendía. Así, su trato con sus colaboradores y empleados fue siempre amable y cercano y conservó la línea de austeridad y sencillez que marcó su juventud.

De él se dijo en una ocasión: "Para don Eugenio cada labor tenía la importancia suficiente como para otorgarle todo su ímpetu y capacidad a fin de que resultara perfecta. Cada asunto lo vivía intensamente y en cada actividad resumía toda su experiencia y su talento".